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1. Calidad de Vida: La infertilidad reduce la calidad de vida, especialmente a través de consecuencias psicosociales negativas. Estas abarcan desde temor y depresión hasta la estigmatización y pérdida de la dignidad en la muerte. Las consecuencias negativas de no poder tener hijos son más frecuentes y más graves en los países en desarrollo.

La infertilidad es tanto un problema de salud como un problema social. La OMS ha definido la infertilidad como una enfermedad, reconociendo así que la infertilidad afecta gravemente la salud de una persona (ICMART and WHO, 2009). Desafortunadamente, muchas personas y países siguen pensando en la infertilidad como un mero deseo personal y, en consecuencia, le asignan poca prioridad en sus sistemas de salud (ESHRE Taskforce Ethics & Law, 2009). La infertilidad también tiene muchas consecuencias psicológicas y sociales negativas que incluyen la inestabilidad marital, ansiedad, depresión, aislamiento social y sensación de privación, pérdida de estatus social, pérdida de identidad de género, ostracismo y abuso (Hammarberg, 2013, Nahar, 2011). La mayoría de las religiones asignan un alto valor a los hijos, y la infertilidad puede afectar el bienestar religioso o espiritual de una persona durante la vida e incluso después de la muerte (Dyer, 2007; van Balen and Bos, 2009). Las consecuencias sociales tales como los conflictos maritales o la privación a su vez pueden tener un impacto sobre la salud (por ejemplo a través de la exposición a enfermedades de transmisión sexual o enfermedades relacionadas con la pobreza) creando así un círculo vicioso entre las consecuencias sociales y para la salud derivadas de la infertilidad.

En cierta medida, estas consecuencias se basan en el hecho de que, especialmente en los países en desarrollo, la infertilidad transgrede una norma social de tener (muchos) hijos. La transgresión de una norma social, incluso involuntariamente, se traduce en una estigmatización. Otros pueden considerar que una persona infértil tiene menos valor como mujer, hombre o adulto, y las personas infértiles pueden considerarse a sí mismas como inferiores a alguien que tiene hijos. Esto puede ocasionar una pérdida de autoestima y dar pie para el ostracismo, descuido, privación y abuso.

Las numerosas consecuencias psicológicas, sociales y culturales negativas han sido clasificadas en seis etapas (Daar and Merali, 2002). Estos niveles reflejan tanto el continuo y la multiplicidad de daño que inflige la infertilidad.

Nivel 1 Culpa, reproches, temor
Nivel 2 Tensión en el matrimonio, tensión económica, impotencia, depresión
Nivel 3 Violencia y abuso leve a nivel marital o social, penurias económicas graves, alienación social
Nivel 4 Violencia y abuso marital o social moderado a grave, grave privación económica
Nivel 5 Muerte por suicidio inducido por violencia, inanición, enfermedad
Nivel 6 Pérdida de la dignidad en la muerte

Cada vez más, los sistemas de salud se concentran en la calidad de vida y el bienestar, y no sólo en la morbilidad y la mortalidad. Existen diversos instrumentos que buscan medir la calidad de vida (QoL) y sirven para comparar la QoL entre personas que viven con distintas enfermedades. Actualmente muchos de estos instrumentos no capturan la verdadera medida de la experiencia de la infertilidad. Es importante que los investigadores encuentren una manera de documentar apropiadamente la QoL de las personas que sufren de la infertilidad e informar a los responsables de las políticas de salud y planificadores sobre este descubrimiento. De esta manera, puede haber una distribución más justa y equitativa de los recursos limitados.