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4. Identificar y mejorar la educación sobre los factores de riesgo y fomentar la participación de los hombres: La implementación de educación sexual en las escuelas puede reducir la incidencia de las infecciones de transmisión sexual (ITS) y los embarazos no deseados. Además, involucrar a los hombres en educación puede mejorar la calidad de vida y los resultados como familia de los tratamientos de fertilidad.

La falta de educación sexual en las escuelas y el inicio temprano de actividad sexual aumenta el riesgo de enfermedades de transmisión sexual y otras condiciones, algunas de las cuales pueden afectar la fertilidad. Junto con la postergación de los embarazos en las comunidades urbanas, contribuye tanto a la fertilidad reducida y a una mayor exposición a factores de riesgo. En ausencia de educación en las escuelas, las clínicas de AP deben ofrecer a las madres herramientas para educar a sus hijos en cómo prevenir embarazos no deseados e ITS.

Además, en muchas comunidades es difícil lograr la participación de los esposos en el manejo de la infertilidad; por lo general esto se debe a la creencia popular de que la fertilidad se asocia con la masculinidad y la femineidad. En algunas culturas y grupos étnicos, no se reconoce la responsabilidad de la pareja de sexo masculino en la reproducción, y por lo tanto es difícil —acaso no imposible —lograr su participación en el diagnóstico o los procedimientos terapéuticos. La participación del esposo también podría ser vista como una debilidad. Esto podría traducirse en que no permita a su esposa habar sobre su infertilidad o, en sociedades polígamas, simplemente consiga otra esposa. Se deben hacer esfuerzos por facilitar la recolección y examen de muestras de semen en conformidad con los valores culturales y religiosos. Los PAP deben discutir con los líderes religiosos o de otro tipo para identificar conductas aceptables para hombres y mujeres que faciliten el diagnóstico de la fertilidad, y tratamiento.